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Procura el surrealismo. Ejercicio interior que juega a la expresión.
Este blog en un principio nace como un homenaje a esa generación de brillantes "locos" que, en su tiempo, alumbraron estéticamente a la humanidad y nos dejaron para siempre su aporte multiforme para el alma.

Intenta en tema y técnica seguir la senda, pero más a modo de vitalizante talismán, porque en la práctica... ¡Ay, con las ideas! Jamás surgen del interior sin filtrarse a través de la razón, ese atenazante mecanismo de defensa. Pero, en fin, se escribe por impulso, aunque luego se haga uno a la idea de que el material no ha sido pulido y es espontáneo, selvático, suerte de retorno hacia las esencias. Tal es el surrealismo: arrojo, salto a la selva primigenia, mas utópico sueño..., porque ¿quién hombre civilizado puede desprenderse de su condición plastificada? El acto poético es un intento de recuperación de las naturalezas perdidas, pero aun ella, la poesía, es trabajo de artesania.
(Sea la técnica surrealista una ubre de ordeño para la inspiración y la idea, por un lado, pero por el otro, un camino para el desagüe: quien escribe lo hace como por trabajo de alcantarillero: drenaje) .
Aquí el concepto:
Surrealismo: Puro automatismo psíquico, por medio del cual se intenta expresar, verbalmente o por escrito, o de cualquier otro modo, el proceso real del pensamiento. El dictado del pensamiento, libre de cualquier control de la razón, independiente de preocupaciones morales o estéticas...

miércoles, 16 de julio de 2008

Trabajo de sombras

Te necesito, tristeza

con toda la fuerza con que su sabes abatir.

¿Puedes mirar aquellos niños que juegan en el polvo?

¿Recibes en tu rostro el aletear del viento?

¿Presientes el fondo de una mujer calculando futuro?

¿Has estado ahí, cuando el crío imagina su grandeza?

Bueno...  a contracorriente te me antojas una marea.

Una solución de sombras.  Una enfermedad.

Como un nido asientas la sal variada de la vida.

Estas ahí en la oficina, en tu oficio de tierras.

Se cansa el labio de ir a la playa y el ojo de imaginar gaviotas...

Un poco de soledad tendría que sacudirnos en nuestra farsa

Te estiro la alfombra roja de mi compañía.

Haz tu trabajo.

Deploremos un poco de la dentadura celeste.

Prórroga vital

He vuelto.  Largo tiempo por los caminos del cielo.

Mucha pradera ardiendo por allí, con su espanto de alas y vidas que crujen.

Mucho temor blanco de la luz, con amenazas de inmortalidad y poca hierba.

En los recodos, colas.  En las paradas, listas.  En el fin de las miradas, los largos trenes de la muerte.

He vuelto.  Nuevamente quiero estar con ustedes, bebiendo la copa débil de mi vida.

Denme una alfombra de luz y palabras para compartir con ustedes el recuerdo de haber sobrevivido.

Nuevamente contigo, amor de mi vida, con mis -graciosas ya- historias de viajes

viernes, 28 de marzo de 2008

Tiempo y pasión

En un tiempo de lamentaciones es muy frecuente faltar a la cita o a la habitual vida que te hace sentir normal. Cosa lógica por demás. ¿Cómo diablos presentarse con qué cara a determinado cónclave del corazón que late imperturbable? Dependiendo de la naturaleza de la cita (no ya de la rutina, que se ejecuta de cualquier manera), el rostro de cada quien lucirá más o menos absurdo, según el tamaño de su tragedia. A menos que se trate de una reunión de almas en penas, de amantes del dolor, del final del mundo, donde se pueda acudir con el traje de etiqueta de la desgracia.
En mi caso mortal y particular, la tragedia de no poder amar lo que amo, con la dedicación del amante amor, es la comprensión de que las penas también reclaman sus momentos de afectos. Estoy ocupado en eso, y lamento no poder celebrar la rosa con exclusiva pasión. Las vidas que amo, la pequeña incursión hacia el ocio, la palabra que salta en mi cabeza, el poema jamás escrito, una historia en espera, los libros, este blog, deben alinearse en la increíble cola del tiempo para la atención.

domingo, 23 de marzo de 2008

Regresos

Como los viejos, amo la calma y el retiro.
Sueño evocado de antiguas soledades
donde la hierba y el pájaro
susurraban.

O como el viejo poeta del retiro y la vida sosegada,
me quejo ante el hombre por la hecatombe divina,
restos esos mitológicos en humanos altares,
fuego confirmante de la terrena aventura.

Hay la victoria del espanto y el ruido,
hay el jinete volador hacia sí mismo,
al paso avieso y celebrante
donde es acechada la guarnición del cielo.

Hay el reclamo del silencio
sobre un pasto de tumbas olvidadas;
hay la vieja mutación del alma humana,
incontenido grito del eco perdido

cuyo mayor poder es el recuerdo.
Hay la dura realidad del hombre desbordado
...sobre sí mismo.
El oro de los dioses es un herrumbrado yelmo sobre el pasto
con espadas perdidas.

Y hay un hombre como yo,
refugiado.

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